Reglas del Parque Nacional Galápagos
El 97 % de Galápagos es Parque Nacional protegido, y las reglas que lo mantienen salvaje son más simples de lo que crees. Esta es la guía local de cada regla, tarifa y hábito que te convierte en un gran visitante.
26 jun 2026
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En Galápagos, los lobos marinos duermen la siesta en las bancas del malecón, las iguanas marinas cruzan la vereda y los piqueros de patas azules anidan junto al sendero. Esa magia cotidiana no es casualidad: existe porque el 97 % del archipiélago está protegido como Parque Nacional Galápagos, y porque visitantes como tú siguen una lista corta de reglas que mantienen a la fauna salvaje.
Si estás planificando tu viaje, tranquilo: ninguna de estas reglas complica tu visita. Solo te piden viajar como lo hacemos los locales — con curiosidad, paciencia y respeto. Esto es todo lo que necesitas saber antes de aterrizar.
Por qué existen las reglas
Galápagos evolucionó en aislamiento durante millones de años, y justamente por eso los animales no le temen al ser humano — y el ecosistema es tan frágil. Una sola semilla introducida, un snack abandonado o un cachorro de lobo marino tocado pueden tener consecuencias que duran décadas. La Dirección del Parque Nacional Galápagos (DPNG) mantiene 14 reglas para visitantes, y cada una protege algo de lo que viniste a ver.
Antes de llegar: tarifas y trámites
Algunas cosas ocurren antes de que pises los senderos. Antes de tu vuelo completarás en línea una declaración digital de bioseguridad, confirmando que no traes semillas, plantas ni productos de origen animal (te contamos todo en nuestra guía de requisitos de entrada a Galápagos). En el aeropuerto del continente comprarás tu Tarjeta de Control de Tránsito ($20, en efectivo) y, al llegar, pagarás la entrada al Parque Nacional: $200 para adultos extranjeros y $100 para menores de 12 años (menos para ecuatorianos y ciudadanos de la CAN/Mercosur). Esa tarifa no es solo un boleto: financia directamente la conservación y a las comunidades locales que cuidan estas islas.
Las reglas de oro en cada sendero
Mantén 2 metros (6 pies) de distancia con toda la fauna. Esta es la regla que usarás todos los días. Eso sí, los animales no la conocen: los lobos marinos y los pinzones se acercarán a ti sin pensarlo. Cuando pase, retrocede con calma. La distancia los mantiene sanos, naturales y sin miedo.
Nunca alimentes ni toques a los animales. La comida humana los enferma y cambia su comportamiento. Una madre lobo marino puede incluso abandonar a su cría si detecta olor humano en ella.
Camina solo por los senderos marcados y respeta la señalización. Los senderos están trazados para proteger sitios de anidación y terrenos de lava frágiles — y para tu propia seguridad.
Nada de flash. Solo luz natural. El flash estresa a la fauna, sobre todo a las aves que anidan. Los drones y las filmaciones comerciales requieren permisos especiales de la DPNG, así que mejor deja el dron en casa.
Dentro de las áreas protegidas: guías y operadores
Los sitios de visita protegidos solo pueden recorrerse con un guía naturalista autorizado por la DPNG, viajando con operadores licenciados y embarcaciones certificadas. Y sinceramente, esta es la mejor regla de todas: un buen guía local te mostrará un pulpo camuflado o un comportamiento de pinzón que jamás notarías por tu cuenta. Acampar es posible en pocas áreas designadas, pero necesitas autorización del Parque con al menos 48 horas de anticipación.
Lo que se queda, lo que se va
Todo lo natural se queda en las islas: nada de conchas, rocas de lava, arena, coral negro ni partes de animales — ni siquiera como recuerdo, y las tiendas que los venden también infringen la ley. Y todo lo que traes se va contigo: llévate tu basura y sepárala correctamente al volver al pueblo (escribimos una guía completa sobre cómo recicla Santa Cruz).
Algunos puntos más: fumar, hacer fogatas y consumir alcohol está prohibido dentro del Parque; escucha música solo con audífonos; la pesca solo se permite a bordo de embarcaciones recreativas autorizadas; y los deportes acuáticos motorizados como motos de agua y el turismo aéreo no están permitidos en el Parque ni en la Reserva Marina. Un consejo local que todavía no es regla oficial, pero debería serlo: usa bloqueador solar mineral, amigable con los arrecifes — lo que se desprende de tu piel termina en el mar.
Visitar bien es el mejor recuerdo
Las reglas de Galápagos no son restricciones: son una invitación a bajar el ritmo y vivir uno de los últimos lugares del planeta donde la fauna no nos teme. Si las sigues, no eres solo un turista; eres parte de la historia de conservación.
Proteger Galápagos empieza por la forma en que cada uno de nosotros decide visitarlo.
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